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En el artículo de hoy me gustaría hablaros de un tema que suele influir muchísimo en la vida de un artista: el bloqueo creativo.

El bloqueo creativo: cuanto más creativo quiero ser, menos lo soy.

En general, las personas sienten como una incomodidad cuando notan que su creatividad flaquea, pero claro… el tema se complica si además nos dedicamos al mundo del arte y nuestro sueldo a final de mes depende de un proceso creativo. Curiosamente, suele ocurrir que cuánto más creativo intento ser, menos inspiración me viene a la mente.

Vamos, como lo que nos suele pasar cuando queremos dormir, el sueño aparece porque sí, cuando menos me lo espero, cuando leo, veo una peli o simplemente estamos relajados. Sin embargo ¿qué ocurre cuando nos vamos a la cama y nos forzamos a dormir? Pues probablemente estaremos un buen rato dando vueltas mirando al techo y contando ovejas o imaginando lugares placenteros hasta que el sueño nos invada. Pues bien, con la creatividad digamos que pasa algo parecido.

En ocasiones la clave está en dejarse llevar

En mi caso, me ha pasado infinitas veces que al montar coreografías para clases de baile,  los pasos me surgen en las situaciones más extrañas que os podáis imaginar. Por ejemplo, cuando me meto en la cama a dormir, mientras conduzco, en la ducha… Es decir, en situaciones en las que estoy haciendo otra actividad y es entonces cuando me viene como una especie de avalancha de ideas. También me ha pasado que la inspiración aparece durante la propia clase, cuando estoy con los alumnos y entro en ese estado de “flow” que os comenté en un artículo anterior. Disfrutando de lo que hago, sin forzar nada, dejándome llevar.

Así pues, pueden existir momentos en los que de repente notamos que las ideas no surgen y nos bloqueamos. Es como un círculo vicioso, porque en el momento que notamos que estamos bloqueados, intentamos inspirarnos con cualquier cosa (y esto a veces funciona y otras nos frustramos más).

La creatividad se puede trabajar: ejercicios que pueden ayudar.

Si tuviera que  imaginar un lugar físico donde situar nuestra parte creativa, creo que la ubicaría en una parte muy interior, en nuestro “yo más profundo”, aquella parte que nos identifica y nos diferencia de los demás. Creo que es algo natural y difícil de forzar. Sin embargo, a pesar de que pienso que la creatividad es algo que aparece espontáneamente, sí que creo que podemos trabajar diariamente ciertos aspectos que influyen en ella.

Por una parte, existe un ejercicio que me encanta que se llama “las páginas matutinas”. En estas páginas se trata de escribir cualquier pensamiento, sentimiento, acciones que tengo en mente realizar… es una manera de expulsar todo eso que se nos pasa por la cabeza, para hacernos conscientes de ello, plasmarlo en un papel y que nos sirva como “limpieza mental”.

Esto es muy importante hacerlo todos los días, y no importa cuánto escriba, habrá días que llene dos párrafos y otros en los que no tendré suficiente papel. Pero lo fundamental de este ejercicio es no releer aquello que escribimos, recordad que debe ser un ejercicio para sacar todo eso que llevamos dentro, por lo tanto si lo releemos estamos “volviendo a meter” esa información.

Otro ejercicio chulo es el de “cita con el artista”. Es decir, vamos a tratar de experimentar otros tipos de arte, haciendo planes solo o acompañado, yendo a lugares que me puedan inspirar. En el caso de un fotógrafo, sería bueno por ejemplo ir una vez a la semana al teatro, al cine, visitar algún museo, apuntarse a clases de música, escribir un minicuento… Así potenciamos otros aspectos creativos y nos nutrimos de otras áreas que también expanden nuestro potencial como artistas.

Una vez leí una frase de un artista llamado Chejov que decía algo así como: “si quieres trabajar en tu arte, primero trabaja en tu vida”. Me parece totalmente razonable y con muchísimo sentido. Cuanto más enriquecemos nuestras vidas, más barreras vamos superando y más ampliamos nuestros conocimientos y experiencias. Lo que retroalimenta positivamente a la hora de realizar obras de arte.

“Para expresarnos a nosotros mismos primero debemos tener un nosotros que expresar”.

Candela Gandia
Candela Gandía

Soy psicóloga, bailarina y una apasionada del arte y de las emociones humanas. Mi vocación es sin duda ayudar a las personas y sacar lo mejor de ellas para que puedan aumentar su bienestar y confianza. Confío en que todos estamos aquí para disfrutar del camino que tenemos como personas únicas e irrepetibles y descubrir aquello que nos hace felices.

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