Opinión

No hay nada en este mundo más típico que la frase “lo importante es participar”. Y es que parece que lo digamos como premio de consolación cuando no quedas en primer lugar en algo.  Quizás nos equivocamos al pensar que la única forma de ganar es que te den un trofeo o quedar por delante de los demás en un ranking. Quizás deberíamos “aprender a enseñar” a los nuestros que lo importante cuando luchas por algo siempre es ganar, y que hay muchas formas de ganar, y además, algo más complicado todavía, quedarte con la sensación de GANADOR.

Cuando compites en baile, compites para realizar 2:30 (si te pasas te penalizan) de lo mejor de ti y de tus amigas de baile en una pieza coreografiada por tu profesora a la que tanto adoras.  A mi personalmente, me sabe a muy poco pensar que solo hay dos opciones tras esos 2:30 minutos: ganar o perder.  Y es que esos escasos 2:30 llevan un mínimo de 6.720 minutos de ensayo duros pero divertisdísimos, quizás 1.200 minutos más de montaje de idea y coreografía, otros tantos de selección de vestuario y ni contar los que cada uno dedicamos para prepararnos para ello (gimnasio, ensayos en casa, pruebas de vestuario, viajes…).  ¿No es demasiado tiempo dedicado si lo importante es solo participar?

Y es que el problema está en que la palabra PARTICIPAR es una palabra sin fuerza, sin emoción y sin ritmo y además, es falso: no sólo participamos. Cuando decidimos apuntarnos a una competición estás adquiriendo un compromiso con muchísimas partes del pastel (tus amigas, tu profesora y tu misma). Primera lección aprendida, hay que comprometerse con fuerza con lo que uno quiere, porque el compromiso te hace ser más generoso con los demás y más exigente contigo mismo, dos preciosas cualidades a trabajar para ser una gran bailarina y sobre todo una gran persona. Que mejor premio de ganadora para empezar solo por dar ese paso de “participar” .

Tras el compromiso, llega el esfuerzo, la práctica y sobre todo, mejorar y aprender a hacer cosas que antes no sabías hacer. Y este, sin duda, es el mejor premio, es el motivo de mayor peso por el cual se debe participar en competiciones, es quizás, lo más tangible de todo, porque lo que aprendes te lo quedas contigo, para siempre. ¡Menudo trofeo amigo! Segunda lección aprendida: las cosas se consiguen con práctica, esfuerzo y perseverancia. 

Una competición lleva consigo mínimo un desplazamiento (sobre todo para los que no vivimos en Madrid o Barcelona). Ojo que aquí viene otra de las mejores cosas que se gana: la experiencia con tus amigas. Te levantas, te preparas, te haces un selfie (eso ahora claro) al espejo del baño pintada y peinada para bailar (es la edad, que le vamos a hacer…) y la mandas al grupo de whats app de baile. Partes en coche más nerviosa que en tu vida y empieza el viaje que tantos días estabas esperando. En una competición se vive todo muy intensamente. Es como gran hermano, todo se magnifica y pase lo que pase los recuerdos siempre son buenos. Tercera lección: los recuerdos bonitos se quedan contigo para siempre.  Ganar bonitos recuerdos es un premio para el resto de tu vida.

Y entonces llega el momentazo de bailar. Son los 2:30 más llenos de sensaciones del mundo entero. Sientes miedo, fuerza, poder, ganas, nervios, felicidad,  y casi siempre ganas de miccionar. No quieres que empiece pero o empieza o te da algo.  ¿Y que ganas aquí? Autocontrol. Aprendes a respirar, a afrontar situaciones, a controlar tus nervios, a conducir tu energía… sin duda cosas que te servirán para el resto de tu vida. Una vez consigues todo eso, sales al escenario y finalmente DISFRUTAS.

Y por último, y sin saber aún el ranking finalista, llega algo muy importante. Al terminar tu coreografía, sabes lo que has hecho bien y lo que no, y si no, no pasa nada, habrá como 1000 copias de videos de los padres que te lo recordarán. Pero esto es increible. Imagina que toda tu vida estuviera grabada para poder saber en cada momento lo que has hecho bien y lo que no. Esto te permite ser autocrítico y saber en que tienes que mejorar y solucionar errores para no repetirlos y por otro lado, te permite sentirte orgullosísimo de lo que si has hecho bien, y poder verlo, si lo deseas, todos los días de tu vida.  GRAN PREMIO.

Y hasta aquí, de momento, todo ha sido GANAR. Y después, ya si eso, llega el premio final que todos queremos y que además, debemos esperar, pero no es el único objetivo de una competición ni por supuesto, la razón por la que deberíamos competir por algo. Es muy importante tener una meta y unos objetivos pero cuidado a veces no existen únicos objetivos finales porque si sólo contamos como importante el trofeo de oro ¿qué hay después de eso?

 

 

 

 

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