Psicología y danza

Según numerosas investigaciones, la danza se incorporó a la vida de los seres humanos como herramienta de lenguaje, es decir, con un fin social. Como bien sabemos, la danza tiene el poder de comunicar, independientemente de nuestras habilidades lingüísticas.

En 2009 el profesor e investigador István Winkler (Universidad de Budapest), mostró al mundo su teoría de que los seres humanos tenemos una capacidad innata a los estímulos musicales, por lo que somos capaces de reaccionar ante una música que nos agrada de manera motriz (típico momento en el que suena una canción que te gusta mucho y empiezas a bailar o hacer movimientos con la cabeza siguiendo el ritmo). Os ha pasado, ¿verdad?.

Pues bien, entre los múltiples beneficios que existen en la práctica de la danza, uno de los más destacados es el hecho de que potenciamos las relaciones sociales. Bailar nos da la oportunidad de abrirnos en otros círculos y conocer personas que comparten la misma pasión que nosotros.

Por una parte, al ser una disciplina internacional y que no entiende de razas, sexo o edad, podemos conocer gente de nuestra misma ciudad o bien gente de otros países, gente que lleva bailando años o quizás meses, personas que tienen 10 años más que tú o 5 menos, gente con un color de piel distinta a la tuya, y eso es lo realmente bonito, que no importe nada más que disfrutar de aquello que creamos mientras bailamos con otras personas.

Por otra parte, también sucede que si llevamos mucho tiempo bailando con la misma gente, coincidiendo en clase, en ensayos, competiciones, viajes, cursos intensivos… al final se acaban convirtiendo en tu segunda familia (casi pasamos más tiempo con ellas que con nuestra familia verdadera). Son muchos los momentos que compartimos de ilusión, cansancio, estrés, frustración, superación, práctica… y todo esto nos une y ata lazos personales, creando relaciones muy especiales y si queremos, duraderas.

La danza tiene un papel social muy importante a lo largo de nuestra vida

Está demostrado científicamente que las relaciones sociales afectan a nuestro desarrollo cognitivo y emocional desde que somos pequeños, teniendo un importante papel a lo largo de toda nuestra vida. Bailando promovemos la empatía, la capacidad de compartir con otros y la cooperación, habilidades sociales que, extrapolándolas a otras áreas vitales como el colegio, universidad, trabajo, familia, pareja, amigos, nos ayuda a formar relaciones exitosas y consecuentemente a un bienestar.

Además, también se ha comprobado que cuando a las personas se nos plantean objetivos grupales o sociales (como por ejemplo una exhibición o una competición), estamos promoviendo la creatividad, el aumento de la conciencia sobre uno mismo y sobre los demás, concentración, participación activa y el sentimiento de pertenencia a un grupo, entre otros.

Como bien hemos visto en artículos anteriores, la danza nos permite expresar sentimientos, emociones y pensamientos, por lo que favorece a la hora de leer y reconocer estos aspectos en los demás. Uno de los momentos que más vergüenza suele generar en los bailarines pero que aporta muchísimos beneficios sociales y personales es lo que llamamos “freestyle”. El freestyle o “estilo libre” es la improvisación de movimientos, con su energía, fuerza, control, que cada bailarín ejecuta. Cuando recibimos clases de baile, a todos nos ha pasado alguna vez que el profesor diga: “venga, en esta parte de la canción improvisáis”.

Y de repente te entra como un bloqueo y un miedo y empiezas a pensar: madre mía pero, ¿qué hago yo en esta parte? (hasta que te acostumbras y te sale de manera natural). Pues bien, este ejercicio de freestyle puede ayudarnos a fomentar valores como el respeto, la libertad y la tolerancia. Después de todo, cada bailarín tiene su estilo propio y su manera de expresarlo. Y es maravilloso poder disfrutar compartiendo nuestro propio movimiento y viendo el de los demás.

En definitiva, la propia esencia de la danza es compartir y comunicarnos con los otros. Si aprendemos a extrapolar todos los aprendizajes que bailar nos aporta a todas nuestras áreas vitales tendremos un poder y una ventaja increíble.

Yo tengo la suerte de que el baile ha puesto en mi camino a grandes personas que se que serán para toda la vida, ¿y vosotros?

Candela Gandia
Candela Gandía

Soy psicóloga, bailarina y una apasionada del arte y de las emociones humanas. Mi vocación es sin duda ayudar a las personas y sacar lo mejor de ellas para que puedan aumentar su bienestar y confianza. Confío en que todos estamos aquí para disfrutar del camino que tenemos como personas únicas e irrepetibles y descubrir aquello que nos hace felices.

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