sexy style

“Cada canción es una historia que contar con el cuerpo”

La bailarina y coreógrafa Beatriz Abad asegura sentirse muy contenta al reencontrarse en València con sus antiguos alumnos y compañeros, que han progresado en el mundo de la danza. Un orgullo que forma parte de la disciplina y del trabajo en equipo que ha enseñado en sus clases y que ha demostrado en escenarios de medio mundo con parada de cinco años en China, de donde ha vuelto con más ganas de transmitir lo mejor de ella que nunca. De momento va a poder ‘seducir’ con todo su savoir faire en materia de sexy style el próximo lunes, 9 de abril, a las 20 horas, el workshop de Stardanze.

¿Cómo llegaste al mundo de la danza?

Cuando era niña me encantaba salir en las actuaciones del cole o en las fiestas del pueblo, ¡adoraba el escenario! Me apunté al gimnasio cuando tenía 11 años para hacer aerobic, porque tenía unos kilitos de más. Un día mi profesora nos dio una clase de prueba de hip hop y desde entonces he estado enamorada de la danza urbana. De adolescente empecé a hacer amigos dentro del mundo del hip hop y me iba a veces con los b-boys (‘breakdancers’) a entrenar y a ver competiciones. También hice un grupo de baile con unas amigas en el que nos montábamos las coreos por diversión. Bailar ya no era solo hacer ejercicio, sino expresar con el cuerpo lo que sentía al escuchar la música que siempre me había gustado. Música que entonces no era fácil de escuchar en la radio.

¿Es difícil mantenerse activa en el mundo de la danza en nuestro país?

Hoy en día no es tan difícil estar activa en España. El nivel de danza ha subido muchísimo y se está empezando a valorar más, sobre todo, después del boom de Fama. De hecho, antes de irme a China hace 5 años ya trabajaba muchísimo dando clases. Sí que es verdad que, en China, por ejemplo, hay muchas más oportunidades y el trabajo está mejor valorado económicamente. Fuera de España he hecho amistad con bailarines y artistas del mundo de la música, de la moda y de las artes gráficas de todas partes del planeta y eso es una experiencia única y muy enriquecedora. Siento cómo he abierto la mente y eso no lo cambio por nada.

¿Qué balance haces de todos estos años de trabajo, esfuerzo y dedicación?

¡Balance positivo! He tenido preciosas experiencias como bailar de solista para una superestrella de Taiwán delante de 10.000 personas o bailar en una compañía de competición siendo la única extranjera. He convivido con bailarines y personas maravillosas, tanto españolas como de otras nacionalidades y he conocido a mi marido. Y he aprendido de otras experiencias más duras como cuando me robaron todos mis ahorros en una estafa. Ahora que he vuelto a València después de tanto tiempo me estoy encontrando con antiguos alumnos y compañeros que ahora son increíbles bailarines y que están dando clases de gran nivel o incluso bailando en shows en televisión. Esto está siendo una de las experiencias más bonitas de mi carrera y estoy muy orgullosa de ver crecer así a esta comunidad de artistas.

¿Qué anécdotas destacas de tus estancias como bailarina en Londres, Los Ángeles, Tokyo o Nueva York?

En los primeros viajes a Londres y a Los Ángeles el mayor hándicap era el idioma. Sabía hablar inglés, pero no tenía mucha confianza y me costaba comunicarme. En China, por ejemplo, cuando entreno con la compañía es todo en chino (que algo entiendo, pero no muy bien), excepto cuando la coreógrafa quiere estar segura de que entiendo algo y entonces me lo dice en inglés. En cada viaje he tomado clases con grandes coreógrafos y todos me han aportado siempre algo, ya sea una nueva forma de interpretar la música, aprender un estilo al que no estoy acostumbrada, una forma diferente de entrenar o ideas a la hora de enseñar. Lo mejor de viajar es conocer a otros bailarines y conectar con ellos. Es una de las cosas que me aporta la danza porque la conexión muchas veces va más allá de las palabras y de las diferencias culturales. Cuando he viajado sola he conocido aún a más gente.

¿Cómo es trabajar como bailarina en China?

Toda una experiencia y depende mucho del trabajo que sea. Estuve un tiempo actuando en discotecas, pero me cansé de ese mundillo porque el horario nocturno es un trastorno y en realidad no se valora tanto el arte como la imagen. En grandes shows televisivos sí que se valoran más las habilidades del bailarín. Dando clases de danza en inglés a alumnos que, en general, no tienen un gran nivel en esa lengua, me ha hecho tener que pensar en otras formas de explicar la danza. En la compañía de competición las chicas tienen mucha disciplina en cuanto a que lo dan todo en cada ensayo. Entrenamos todas las mañanas una media de tres horas, de lunes a viernes, y siempre hay una parte de entrenamiento físico y otra de coreografía. Tienen la costumbre de decir que no están cansadas, aunque sea evidente que si lo están, ¡son unas máquinas! Siempre están dispuestas a trabajar y a tomar clases.

¿Cómo son los shows televisivos con bailarines en China?

En China he hecho varios y siempre hay muchísimas horas de ensayos con diferentes coreógrafos. Las coreografías no son demasiado complicadas sino más bien visuales y a veces con la ropa nos llevamos alguna sorpresa: no se me olvidará nunca que en un show de fin de año todos los zapatos me venían pequeños, así que todos me hicieron daño de alguna forma diferente, ¡tuve los pies doloridos por un tiempo! Eso sí, ¡los escenarios son una pasada! Enormes y con mucho juego de luces.

¿Qué destacas del hip hop y del jazzfunk a la hora de bailar e interpretar con tu cuerpo?

Los diferentes grooves y la libertad para jugar con la musicalidad hacen que se puedan expresar diferentes sentimientos, de diferentes maneras. Cada canción es una historia que contar con el cuerpo, lo que hace cada coreografía especial.

¿En qué consiste el sexy style que vas a mostrar en tu workshop del lunes que viene en Stardanze??

El sexy style es una forma de bailar más sensual, sin que llegue a lo obsceno. En mi opinión, se trata de insinuar y atraer más que de mostrar sexualidad. Haremos un calentamiento y algunos ejercicios para preparar el cuerpo y soltar la mente, como un ejercicio de desplazamientos y poses en determinados puntos o una dinámica por parejas en la que tienen que seducirse bailando. Después les enseñaré la coreografía y al final de la clase la bailarán en pequeños grupos para que trabajen la puesta en escena aplicando lo que hemos hecho al principio de la clase.

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